Qué papel ocupan las pantallas en casa y cómo influyen en el desarrollo emocional y cerebral.
Hablar de pantallas suele generar debate.
Pantallas sí.
Pantallas no.
Cuánto tiempo.
A qué edad.
Qué contenido.
Pero hay una pregunta previa que casi nunca nos hacemos:
¿Desde qué lugar llegan las pantallas a la vida de nuestros hijos?
Un cerebro en construcción
La infancia no es una versión pequeña de la vida adulta.
Es una etapa de construcción.
El cerebro infantil necesita:
- Juego libre
- Movimiento
- Vínculo
- Aburrimiento
- Tiempo lento
Las pantallas, por su diseño, ofrecen lo contrario: estímulos rápidos, recompensas inmediatas y cambios constantes.
No es una cuestión moral.
Es una cuestión neurológica.
Lo que no siempre se ve
El impacto de las pantallas no siempre aparece de golpe.
A veces se muestra como:
- Más irritabilidad
- Menos tolerancia a la frustración
- Dificultad para parar
- Problemas de atención
- Desconexión emocional
Y entonces nos preguntamos qué está pasando.
El verdadero riesgo
El mayor riesgo no es la pantalla en sí.
Es cuando sustituye:
- A la conversación
- Al juego compartido
- A la gestión del aburrimiento
- A la presencia del adulto
Cuando una pantalla ocupa el lugar del vínculo, algo importante se pierde.
Educar en criterio, no solo en normas
No se trata únicamente de prohibir o retrasar dispositivos.
Se trata de enseñar a usarlos con criterio.
Y eso empieza mucho antes de tener móvil.
Empieza en casa.
Con el ejemplo.
Con acuerdos claros.
Con límites sostenidos.
Mensaje final
Las pantallas forman parte del mundo actual. La clave no es demonizarlas, sino decidir conscientemente cuándo, cómo y para qué entran en la vida de nuestros hijos.
Si quieres revisar el uso de pantallas en tu familia y crear acuerdos antes de que sea urgente, contacta conmigo y te cuento cómo puedo acompañarte.